EL AYUNTAMIENTO DE BARCELONA, INSOLIDARIO

Hay 400 millones de niños esclavos. Por esta razón, nada más y nada menos, el Movimiento Cultural Cristiano pidió permiso al Ayuntamiento de Barcelona para instalar, el pasado 12 de abril, en Portal de l’Àngel, un puesto informativo con exposiciones y realizar representaciones teatrales en la calle sobre la esclavitud infantil. Además de difundir la revista Autogestión, se convocaba a los ciudadanos de Barcelona a acudir al acto simbólico que conmemora la muerte de Iqbal Masih, niño de doce años asesinado en Pakistán por luchar contra la esclavitud de miles de niños, que tuvo lugar el pasado 16 de abril a las 20:00 en la Plaza Sant Jaume. Durante la jornada muchas personas pudieron obtener información sobre este crimen, en el que nuestro consumismo e indiferencia tienen mucho que ver.
Lo que no esperaban los miembros del Movimiento Cultural Cristiano era que agentes de la Guardia Urbana les exigieran, a primera hora de la tarde, que quitaran de la vía todos los materiales relacionados con el acto, así como el puesto con publicaciones solidarias. Se daba la circunstancia de que la responsable de distrito había comunicado verbalmente la autorización para ocupar la calle y había asegurado que la Guardia Urbana estaba informada. Pero esta información no llegó nunca a comandancia, y consecuentemente los agentes llegaron dispuestos a requisar todo lo que allí había si previamente los organizadores no lo retiraban.
El Ayuntamiento de Barcelona aprobó una moción contra la esclavitud infantil en el 2001. Desde entonces no ha aprobado ni una sola medida en este sentido, e incluso ha puesto impedimentos a la campaña contra la esclavitud infantil negando permisos para puestos solidarios, dando las razones más absurdas, como que un puesto informativo sobre este tema podía entrar en contradicción con la estética de la calle. Este día había permiso, este día el Ayuntamiento se había dignado a decir que sí, pero faltaba el papel. Fallaba la burocracia.
Muchos niños esclavos no están censados, no existen oficialmente. Ello no les impide sacrificar diariamente sus vidas e incorporarse a sus puestos de explotación, que no de trabajo, para sacar a sus familias adelante. Con esto en el ánimo, los organizadores no levantaron el puesto. Si faltaba el papel, no faltaban las razones morales para permanecer allí. Finalmente, tras un acuerdo con los agentes, la jornada pudo seguir su curso, y la voz de los niños esclavos se pudo seguir oyendo en Barcelona.
Tenemos un Ayuntamiento insolidario. Los niños esclavos deben estar presentes en Barcelona, y lo seguirán estando aunque la clase política no lo quiera.

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