LA DANZA MACABRA DE LA TRIBU

Barcelona, 11 septiembre 2009.

 

Qué triste espectáculo nos ha ofrecido la tribu nacionalista catalana. “Per llogar-hi cadires”, es decir, tan absurdo que es necesario alquilar sillas y sentarse a ver el espectáculo.
El espectáculo de un homenaje a un militar del siglo XVIII, el cual rogó a los barceloneses que empuñaran las armas para defender España, y ahora, casi 300 años después es floreado y homenajeado como patriota catalán y separatista. No es sólo absurdo por faltar a la verdad histórica, y por tanto, irreal o virtual; lo es sobre todo porque impregna la costra nacionalista con una amalgama de materia gris que paraliza la razón y cortocircuita el sentido común. Por ello, la tribu reescribe su danza macabra. No exagero: macabra.
Aparece en escena un personaje no autorizado, pero real como la misma vida, de carne y hueso, con bigote o sin el, como los de la tribu, pero sin trabajo; aparece el parado.
Y los parados gritaron: “Menos banderas y más trabajo”. “Más trabajo y menos estatuto”.
Pregunta: ¿Hay alguien que no entienda algo tan simple?
Respuesta: Pues sí, se ve que sí. Desde los sindicalistas que callan ante el crimen del paro – su silencio nos cuesta 17 millones de euros al año- y criticaron cínicamente a los parados que exigían trabajo, hasta los independentistas que los insultaron hasta expulsarlos del entarimado nacionalista.
La danza es la danza: suicidios, abortos, depresiones, alcoholismo, divorcios, mendiguismo, delincuencia, ¿es que los nacionalistas no se han enterado que el paro mata? Pues no, se ve que no.
Cuando un trabajador parado exige a los gobernantes que prometieron a todos el pleno empleo, que cumpla y no se dedique a pelar el huevo, y lo hace en medio de la tribu nacionalista, ésta reacciona con la danza macabra. Vemos así como su córtex no da para más. Y su egoísmo irracional, una limitación antropomórfica salvaje, ha castrado hasta lo más necesario, la solidaridad.
La influencia macabra afecta a todos sin excepción. Hasta el apuesto Durán ha censurado a los parados porque no hablaron con la lengua de la tribu. En este circo salvaje, nadie quiere perder la cuerda. Macabro y salvaje espectáculo de los nacionalistas. ¿Para cuándo su solidaridad con los parados? El paro mata. El paro es un crimen.
¿Qué mente mínimamente cuerda no puede lamentar y entristecerse ante semejante espectáculo? ¿Qué ven los nacionalistas cuando miran los ojos de los parados?
El trabajo es un deber y un derecho de todo trabajador. Hoy en el mundo la mayoría de la humanidad vive en condiciones de esclavitud. El 65% de los trabajadores lo son en la economía sumergida. Sólo quien no tiene un mínimo de sentido común puede censurar la acción de los parados exigiendo trabajo. Qué triste espectáculo nos ha dado la tribu.
Tres días después, el vocero oficial del nacionalismo, en su editorial de las 8, continuó criticando la acción de los parados; en esta ocasión arremetió contra la insensibilidad de los parados hacia los símbolos nacionales de la tribu. ¡Cómo se atreven! Osaron interrumpir, silbar a sus gobernantes mientras sonaba el “Cant deis Segadors”. ¡Injuria a la Patria!
Basté, “sólo una mentalidad burguesa antepone la patria al hambre de los hermanos”.
¿Hasta cuando seguiremos siendo esclavos del mal?

Jordi Gaya

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