LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL: LA CATALUÑA TOTALITARIA

La magnífica amplitud con que los medios propagandísticos han cubierto en Cataluña la sentencia del Tribunal Constitucional ha puesto de manifiesto la estrecha complicidad entre el nacionalismo y los medios de comunicación: los grupos de poder juegan nacionalismo.

 

Los Godó, Roures, Asensio…, se han convertido en persistentes voceros de la ideología que levanta las banderas del autogobierno, la soberanía y la independencia. Tres ejemplos:

 

1. La sentencia se ha calificado de estocada final al pueblo catalán, espoletazo, ruptura del pacto constitucional, final del estado de las autonomías, ofensa, humillación y desprecio a los catalanes….y muchas y más ingeniosas palabras preñadas del victimismo necesario para provocar todo tipo de indignación. Desde todas las farolas hay megáfonos voceándolo. La serenata va para largo. Los plazos se eternizan.

 

2. La sentencia y su larga gestación ha sido y es la mecha para promover oleadas de votos en centenares de pueblos y ciudades proclamando su deseo de independencia. Oleadas de un tsunami independentista que se despliega por las páginas de diarios, editoriales, digitales, etc.

 

3. Estos años de deliberación “constitucional” han poblado e incrustado en el imaginario catalán palabras revolucionarias: independencia, soberanía, autogobierno, expolio, autodeterminación, derecho a decidir, democracia directa, referéndum. Y ahora es la hora del cemento rápido, las manifestaciones, las proclamas, las “senyeras”, las “esteladas”. Es el momento de sacar pecho y defender la dignidad del pueblo catalán.

 

Independientemente del recorte impuesto por el Tribunal, la sentencia transciende el presente porque multiplica el crédito político concedido al nacionalismo catalán; las bodegas del nacionalismo ahora mismo están repletas de sentimientos e ideas para abastecer las futuras generaciones.

 

Y de esta forma, el poder económico, es decir, el amo y patrón, refuerza, ensancha y consolida, cada uno de los pilares con los cuales gobierna y exprime a los ciudadanos catalanes y no catalanes. Su alianza con los medios de comunicación de masas y los partidos políticos. De lo otro -sindicatos-, a estas alturas, mejor ni hablar.

 

En la era de la información, es impensable que el poder económico no tenga controlados a los medios de comunicación. De hecho, el servilismo está demostrado con grandes y sonados silencios. Los ataques a las multinacionales, las denuncias a la banca, a las políticas capitalistas que oprimen el mundo del trabajo, simplemente no existen. El expolio de los grandes poderes catalanes, en África, en Iberoamérica, con el agua, los carburantes, las eléctricas, no aparecen nunca en la prensa.

 

Controlada la alianza mediática, queda otro pilar, el político. Todos los partidos políticos son financiados por el poder económico, con el cual están endeudados, subvencionados, comprados, condonados, auditados. Criados y cipayos.

 

La cadena nacionalista se extiende, eslabón tras eslabón, desde los votantes nacionalistas que escuchan la voz de sus líderes de formación política, mediante grandes altavoces mediáticos, hasta los patrones que regulan y acondicionan el sistema político-mediático. Cadena que esclaviza las conciencias a la dictadura del capital, camuflado bajo una densa cortina de humo “soberanista”.

 

Estamos viendo como una vez más, partidos políticos y sus líderes, de mano de los medios de comunicación, tejen un nuevo manto nacionalista en la conciencia política de nuestras generaciones.

 

El poder económico catalán ha comprometido el futuro político con el nacionalismo. Sus alfiles políticos ya tienen los votos y peones que les auparán a la Generalitat. De esta forma, las torres, murallas y fronteras se alzan impidiendo que otro poder político-económico se convierta en una amenaza o un contrapeso real a los intereses de “los catalanes”.

 

E l “recorte constitucional” se ha aplicado de forma precisa en teclas sensibles del nacionalismo. Lo suficientemente sensibles para encender las oleadas de independentismo que tensarán las relaciones nacionalistas y desplazarán el centro político hacia la cuerda nacionalista.

 

Que Cataluña no es una nación “jurídica”, que España es indivisible, y que el uso del catalán no es “preferente” en las administraciones, son algunas de las teclas “sensibles” con las que se ensamblará la orquesta nacional de Cataluña para componer una nueva jota nacionalista… Tres simples teclas bastaban. El riesgo a romper la partitura de fondo y desestabilizar los equilibrios financieros no pueden ser amenazados.

 

La lengua catalana, elemento central de la personalidad nacional de Cataluña, sobre la que se ha edificado y cimentado durante medio siglo el proyecto catalanista, ha sido respetada. El modelo lingüístico queda a salvo; el modelo educativo no es perforado. No hay jaque. Como tampoco se han recortado los nuevos “puentes” para la bilateralidad que garantizan la conexión directa y sin intermediarios.

 

Ya se avanzó que se trataba de una sentencia interpretativa, para satisfacción de unos y para la indignación de otros, en función del rasero que se use. Esto es, esta sentencia es una sentencia comodín, un felpudo a gusto con el que cada uno saca brillo a sus intereses.

 

No podía ser de otra manera en nuestra sociedad: que no es una sociedad de principios . Nuestra mentalidad consumista necesita un felpudo, una sentencia a gusto del consumidor. Para unos y para otros. Los que se tenían que enfadar se han enfadado. Los que están contentos y satisfechos, dicen estarlo.

 

Y finalmente están los que callan, los que siempre callan. Su silencio evoca la figura negra que tras el ventanal de un segundo piso, observa complacido el cortejo fúnebre de sus enemigos. Ni una sola declaración de Brufau, Valls, Alemany, Carulla, Pique, Fainé, Lara, Pastor, Rodés, Simon, etc. ¿Para qué? Sus bodegas están a reventar. A lo sumo, en los próximos días, marcaran las nuevas coordenadas a sus cipayos.

 

Descanse en paz el pueblo catalán: ya no hay paro, ya no hay listas de espera, ya no hay un 50% de jóvenes sin ESO, ya no hay miles de personas en las calles, ya no hay robo bancario, ya no hay niños con padres sin trabajo, ya no hay productos fabricados por niños esclavos en las calles, ya no hay esclavas sexuales….

 

Ahora ya, sólo hay nacionalismo, esto es, adoctrinamiento masivo desde los poderes públicos, con fines económicos; es decir, puro totalitarismo.

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